Al salir a la calle, hacia el amanecer,
siempre lo encuentra
en la súbita caricia del aire fresco,
en la luz que ya se intuye
pero aún no se ve.
Van a un café con cortinas de encaje en las ventanas
y se quedan allí un rato sentados, sorbiendo té,
al tiempo que, fuera, toma vida una mañana de invierno.
Él mira en sus ojos,
aprieta contra los labios su mano.
Luego se van,
atraviesan la plaza del mercado entre los puestos vacíos,
hacen una pausa en la esquina.
Se besan.
Pero a veces es verano.
Ella, que miraba el mar, se da la vuelta
y lo ve acercarse, sonriente.
Él sonríe
una y otra vez
hasta que ya no queda nada,
sólo el dolor más sordo,
ese impulso que siente ahora
de detenerse de pronto
y rebuscar algo en su bolso.
A las seis de la tarde saluda a la vieja
que hace guardia en el vestíbulo,
mirando la televisión.
Se prepara para acoger a los hombres
que la noche entrega en su puerta,
hombres con manos frías, hombres que hablan demasiado,
hombres que apestan…
Hoy, jueves, seguro que vendrá,
ese tipo que esconde un billete de diez en el zapato
y que se olvidó el reloj dos veces.
Ella le trata como basura.
Pero, por alguna razón, al igual que su sueño,
ese tipo siempre vuelve.
Poema traducido del inglés. El original, que lleva el mismo título, está disponible en: http://livepoet.blogspot.com/
1 comentario:
este es un buen regalo matutino. cuando se han disuelto las hilachas de las últimas pesadillas y empieza el trabajo del duro domingo. se agradece
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