Los juegos de ordenador son divertidos
pero las reacciones termonucleares
son el mejor espectáculo de todos los tiempos.
En proporción al rendimiento
el ojo se muestra enloquecido.
Mezclar en partes iguales
carne y acero,
colocar el cráneo a 45 grados
paralelo a la perdición,
remover bien, servir frío.
El mecanismo de control resultó ser autodestructivo,
la esperanza idiota.
El eje vertical corta
el plano de tus testículos
que giran
a la misma altura que tus orejas,
la procreación siendo sin duda ilusoria,
observándose en las mariposas nocturnas una tendencia a tamborear
[ en el vidrio
en cualquier momento a partir de las veintiún-cero-cero horas,
efímeras Cenicientas, insectos de brujería,
empeñados en achicharrarse
en la lámpara del deseo.
¡Fumiga tus pensamientos!
Ve frenando ya,
contén el radio de la angustia
que sube de las alcantarillas,
que orbita cada vez más bajo,
confundiendo las estratagemas de mañana
al tiempo que, montado en bicicleta, no vas a ninguna parte –
¡Bah! Se lo están tomando con calma. Esperarán
a que se nos acaben las provisiones.
Los monumentos se desintegran
con gusto.
A las ballenas les desagrada que las metan en lata.
A los cocodrilos les viene bien que les monden los dientes
no sé qué pájaros.
A la jungla le duele donde dan caza
al indígena. Los motores tararean
un final de lo más genial.
Según la velocidad en la boca del arma,
los movimientos carnales pueden ser productivos.
pero las reacciones termonucleares
son el mejor espectáculo de todos los tiempos.
En proporción al rendimiento
el ojo se muestra enloquecido.
Mezclar en partes iguales
carne y acero,
colocar el cráneo a 45 grados
paralelo a la perdición,
remover bien, servir frío.
El mecanismo de control resultó ser autodestructivo,
la esperanza idiota.
El eje vertical corta
el plano de tus testículos
que giran
a la misma altura que tus orejas,
la procreación siendo sin duda ilusoria,
observándose en las mariposas nocturnas una tendencia a tamborear
[ en el vidrio
en cualquier momento a partir de las veintiún-cero-cero horas,
efímeras Cenicientas, insectos de brujería,
empeñados en achicharrarse
en la lámpara del deseo.
¡Fumiga tus pensamientos!
Ve frenando ya,
contén el radio de la angustia
que sube de las alcantarillas,
que orbita cada vez más bajo,
confundiendo las estratagemas de mañana
al tiempo que, montado en bicicleta, no vas a ninguna parte –
¡Bah! Se lo están tomando con calma. Esperarán
a que se nos acaben las provisiones.
Los monumentos se desintegran
con gusto.
A las ballenas les desagrada que las metan en lata.
A los cocodrilos les viene bien que les monden los dientes
no sé qué pájaros.
A la jungla le duele donde dan caza
al indígena. Los motores tararean
un final de lo más genial.
Según la velocidad en la boca del arma,
los movimientos carnales pueden ser productivos.
Poema traducido del inglés. El original, "Déclarez l'état de peste!", está disponible en: http://livepoet.blogspot.com/
© Copyright Allan Riger-Brown 2011
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1 comentario:
yo muchas veces me siento ese mecanismo de control que resultó ser autodestructivo: idiota esperanza que se entrega sin pedir nada más que arder sin consumirse, confundiendo las estratagemas con las provisiones, pedaleando en esa bicicleta que no te lleva a ningún lado mientras los monumentos se desintegran y no tenemos con qué sustituirlos
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