sábado, 19 de febrero de 2011

El amor abstracto de Maxine

  
Justo antes del anochecer
se desata el caos.
Por todos lados,

las calles bullen con miles de luces,
rugen
con miles de voluntades encarnizadas,
y en su cabeza
un torbellino,
nada en que hacer pie, nada a lo que agarrarse
más que las palabras,
y entonces se dice entre sí
Soy yo, soy Maxine que vuelve a casa del trabajo.
Sigo viva,
¡aún existo!
En unos minutos abriré la puerta,
me quitaré los zapatos, me tomaré una copa,
comeré algo, leeré tal vez un rato
hasta que me duerma
.
ánimo, se dice a sí misma,
no es la primera vez que estás así.
Pronto te sentirás mejor.


Pero de repente,
al ver un lejano retazo de cielo amarillo,
se le ocurre un pensamiento
que le provoca una punzada en el corazón,
un retorcimiento de la espina que lleva tanto tiempo allí clavada
y luego una oleada de desesperación tan fuerte,
que cedería al impulso de pararse y apoyarse en el muro
si no fuera porque Mme. Brisepierre, su vecina,
la está mirando desde el umbral de casa.
Porque Mme. Brisepierre es muy maja, sí,
pero no es alguien a quien, normalmente,

le contarías tus penas. Y sin embargo ella, Maxine,
se imagina la escena;
por alguna extraña razón, se imagina
acercándose a Mme. Brisepierre
para desahogarse allí mismo, sin más preámbulo.
¿Pero cómo va a hacer eso? Sería ridículo, sin duda.

No puede abordar a Mme. Brisepierre para explicarle
que el hombre que podría quererla de verdad, a ella, a Maxine,
debe de estar allí en algún lugar de la ciudad,
bajo ese cielo que oscurece.
No puede acorralar a Mme. Brisepierre y exclamar
¿No ve usted, Madame, no lo entiende,
que él debe tener un nombre,
un semblante?


Luego, por fin, llegó la hora de acostarse
y ya sólo es cuestión de conciliar el sueño.
Leer no ha servido de nada
pero la pastilla debería surtir efecto.
Mientras tanto
¡qué calma, qué silencio!
Hay noches como ésta
sin apenas un crujido
de los muebles o las cañerías,
cuando de alguna manera se apacigua
la agonía del metal y la madera, y así quizás
ella también pronto encuentre sosiego.
¡Ah, si pudiera dormirse,
si pudiera almenos tener una buena noche de descanso
sin pesadillas,
sin siquiera sueños agradables,
esos sueños que la atormentan
por horas y horas y días enteros
con un dejo interminable de dulzura!
Tiene que pedirle algo más fuerte al doctor.
Pero ahí va – ¡su corazón!
A veces lo oye, de noche, como ahora,
cuando todo lo demás calla –
el latido de ese corazón que no para,
que sigue y sigue y sigue
con su espina empotrada,
latiendo en las tinieblas.
¿Es la vida un don de Dios, una maravillosa aventura,
como afirma el doctor Bertholet,
o acaso una maldición?
¿Y qué son sus ansias de amor
sino el latir de una herida en la negrura?



Poema traducido del inglés. El original, "Maxine's Abstract Love", está disponible en:  http://livepoet.blogspot.com/

1 comentario:

pili dijo...

ánimo -yo también me animo-, pronto te sentirás mejor.
pero no, o qué lento el resurgir del ánimo, como un chorrito de saliva en una montaña de azúcar, escurriéndose sin ruido y sin gloria, mucho más lento que la velocidad de la arruga, de la barriga vieja, de la verruga...un exorcismo bebé contra la vieja callosa parca que te clava la percha en la espalda y te muele. te va moliendo y demoliendo mientras tú te animas: -ánimo.
En algún lugar desconocido puede que alguien te espere desesperado con la espera haciéndo que crezcan sus dientes en solitario. sin que nadie se percate de nada.
pero guarda una verdad en el nido de su mano cerrada: tus ojos en mis ojos. sí.