martes, 1 de marzo de 2011

Curaçao azul

  
Su mujer le dejó poco después de esa tormenta de mal agüero
que partió en dos el arbolillo en el jardín.
Luego, una noche (estaba bebido)
le pegó un puñetazo en la nariz a un madero que iba de paisano
y le condenaron a tres meses de cárcel.
Pero ahora que le han soltado y que ha recuperado su trabajo,
puede volver a tomarse una cerveza en el Café du Congo
o pasearse por la Brunnenstrasse al anochecer
cuando el aire huele a humo de carbón, y encienden las farolas
aunque en los tejados sigan ardiendo fragmentos de sol.
Esta noche, si hubiera ocasión, incluso invitaría a casa al madero
y le explicaría su punto de vista
tomando una copita de licor azul.
Le serviría un poco también a su mujer
que a lo mejor se acordaría
de esa tarde cuando, tumbados lado a lado,
estuvieron un rato mirando pasar las nubes en el cielo.
Algún día estarán todos allí, en un rayo de luz:
su mujer, el policía, su jefe en la tienda
y todos los arbolillos desdichados y gatos vagabundos.
Pero, quién sabe, igual logra primero
devolverle un par de bromas al destino,
convertir la vida en un gesto bonito
como el sol cuando se estrella,
desparramándose sobre la ciudad. 



Poema traducido del inglés. El original, que lleva el mismo título, está disponible en:  http://livepoet.blogspot.com/ 

1 comentario:

pili dijo...

...esos arbolillos desdichados son muy tiernos