Harto del vaivén
del vacío por dentro al infierno por fuera,
anhelaba plantar su semilla en el vientre de un ángel,
¡que lo que quedara de vida
destellara hasta cegarle!
Por lo que una noche, habiendo adquirido un vuelo
y aterrizado sin percance,
ligeramente borracho pero pasablemente elegante,
buscó alivio, que no plenitud,
en el barrio chino de un termitero extranjero.
Entre los rascacielos, la muchacha paseaba por la acera
al ritmo de un letrero de neón, a falta de luna,
¡Oh, fugaz flor de oscuras reencarnaciones!
"¿Estás sola?" dijo él, con el cielo septentrional
adherido a las sienes.
"Sí," repuso ella, exhalando perfume por todos sus pliegues.
"¿Qué, cogemos un taxi, majete?"
Y así llegaron a una habitación cercana
en la que brevemente copularon para su mayor desfacción.
Fuera, los decibeles competían
y el dióxido prosperaba
y en alguna parte de la noche
conspiraba un subsecretario.
Luego cada uno se fue por su camino.
A él le atropelló un coche unos giros más tarde.
Sus últimas palabras fueron: "Supongo
que se pondrá usted en contacto con el Sr. Chueca."
Ella le sobrevivió cuarenta afelios
pero nunca acabó de pagar la hipoteca.
Poema traducido del inglés. El original, Embarkation for Cythera, está disponible en: http://livepoet.blogspot.com/
Aquí abajo: Embarque para Citera, de Antonie Watteau

2 comentarios:
no he gozado mucho ni con el cuadro ni con tu locurilla rimosa
plitant
pero bueno
el exorcismo del notolkm siempre se agradece como exotismo
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