miércoles, 9 de marzo de 2011

Eureka

  
Llegaban del cuartel cerca del parque –
americanos, muchos ingleses también –
venían aquí a tomarse una cerveza camino de los bares del centro
pero luego lo mismo se bebían unas cuantas más
y acababan quedándose hasta la hora del cierre;
había mucho ambiente y Jean, su marido,
que es como un padre para ella,
jugaba al ajedrez con alguno de ellos en la mesa espejada,
meditaba sus trampas sorbiendo gaseosa con una pajita
y cuando ganaba, como ocurría a menudo,
porque la mayoría de esos tíos eran muy jóvenes
y bastante negados, sabes,
cuando ganaba
él también era feliz.
Todo el mundo era feliz.
El sitio estaba lleno de gente
y muchos la invitaban a beber algo
y le hacían preguntas sobre Ruanda
y ella hablaba inglés con ellos
y así, a veces, cuando servía las mesas,
moviéndose con soltura
o bailando al ritmo de Captain Yaba o Chata Addy,
viéndose un momento reflejada en los espejos de las paredes,
viéndose reflejada en los ojos de alguien,
todavía guapa, todavía deseable,
a veces con las luces y la música y todo,
olvidaba lo malo,
no pensaba en la oscuridad
apenas aliviada por la luz que llegaba de la calle
en la habitación de arriba,
más tarde.

Buenos tiempos y buen negocio,
pero luego cerraron el cuartel
y dejaron de venir.
Pero llegó otra gente –
Nico el empresario,
y ese otro tipo, cómo se llamaba, Philippe,
que vivía aquí cerca y que estaba jubilado,
y ése otro que también era inglés,
Pete, que se sentaba en la barra,
siempre un poco melancólico
aunque a veces era muy gracioso
y le ganaba a Jean al ajedrez y, claro, a Jean le caía gordo;
Pete, que solía convidarla a un Parasol
y le decía piropos
y se reía un poco de su nombre, un tío muy majo
aunque menos guapo que los soldados.
Pete también se marchó un día,
se fue a vivir a otro barrio,
y cuando le dijo que se marchaba,
ella exclamó ¿Por qué por qué
por qué será
que en cuanto empiezas a conocer a alguien
y te empieza a caer bien,
el tío se marcha?

Pete volvió
una vez,
al cabo de unos meses;
la invitó a un Parasol;
la llamó por su nombre
pero ya no era lo mismo,
no era como esa primera vez
cuando le preguntó
¿Eureka como hallazgo feliz?


Poema traducido del inglés. El original, que lleva el mismo título, está disponible en:  http://livepoet.blogspot.com/ 

2 comentarios:

pili dijo...

esta me gusta especialmente para un blusito de esos que se pega el antonio allá bajo. al fin podé, pero no todo y tengo más mañana. antonio tocando la armónica, un rato de tranquilidad y tus blues.
ya ves, adjus, tan cerca y tan lé.

pili dijo...

eureka también como hallazgo de alivios sintomáticos, compartir parasol o paragüayos, olvidar lo malo y el dolor. todos somos felices cuando ganamos pero no siempre nos movemos ya con soltura más tarde.
ur, uruk y urused